Tu eliges: ser optimista o pesimista

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Muchos de nosotros hemos pensado más de una vez (y puede que más últimamente), que ser optimista es casi imposible de alcanzar y está fuera de nuestra realidad actual.

Pero aunque pensemos que ya solo se ve en las películas, ver el lado positivo de las cosas es una actitud que puede traer beneficios tanto a nivel físico como mental.

Con este post no pretendo que al final vayamos por el mundo pensando y creyendo que todo es perfecto, dando saltitos de alegría y lanzado pétalos de rosas al caminar. Puede que en la actualidad nos sea un poco difícil ser totalmente optimistas, pero podemos aprender a afrontar nuestras diferentes situaciones diarias con una visión distinta, facilitándonos entra otras cosas, la resolución de problemas.

El optimismo es pensamiento en acción
Como vimos en el post “Cultiva el optimismo”, tanto el optimismo como el pesimismo son actitudes basadas en la manera de percibir y evaluar una situación, y sus probables resultados. El optimismo nos ayuda a salir adelante en la vida, a resolver mejor nuestros problemas y a disminuir el sufrimiento, mientras que el pesimismo nos limita, nos impide ver con claridad y objetividad el problema y su solución, aumenta el estrés, la preocupación y se transmite fácilmente a la gente que nos rodea.

Según Martin Seligman, psicólogo de la Universidad de Pensilvania, uno de los principales expertos en el estudio de las diferencias entre optimistas y pesimistas, ya citado en post: “Aprende a ser feliz: Se puede”, expone que ser optimista o pesimista está determinado, en una parte, por la herencia genética y, en otra parte por experiencias tempranas, donde importa muy mucho la responsabilidad que asumimos o no las personas, ante aquello que nos ocurre. Por tanto hay una parte donde la persona optimista se hace y debe ser responsable de aquello que le sucede, se cuestiona qué es lo que puede hacer para rectificar, mejorar o cambiar una determinada situación.

“El optimismo está muy relacionado con la responsabilidad que asumimos cada uno de nosotros ante lo que nos ocurre” Seligman

Durante 30 años en la Clínica Mayo en EEUU, estuvieron realizando una investigación con 839 personas donde extrajeron conclusiones como: que en la salud aparte de factores físicos, de alimentación, entorno…, también influye nuestra actitud frete a la vida, obteniendo datos como que los optimistas viven alrededor de un 19% más que los pesimistas. Cuando tenemos que afrontar a lo largo de nuestra vida situaciones negativas ,las personas optimistas suelen experimentar estados de ánimo menos negativos que los pesimistas, teniendo comportamientos más adaptables.

Aparte de nuestra componente genética y de nuestra actividad intencional, la felicidad y la infelicidad, se aprende y contagia de las personas de nuestro alrededor (familiares, compañeros/as de trabajo, amigos, colegas…) de manera inconsciente por observación.

“Solemos olvidar que la felicidad es una disposición de nuestra mente y no una condición de las circunstancias” John Locke
Beneficios de ser optimista
Si aprendemos a mirar el lado positivo de la vida, no sólo seremos más felices, sino que además, tendremos una mejor salud, estaremos menos estresados, viviremos experiencias más positivas…

Ser optimista nos aporta muchos y muy variados beneficios, de los cuales extraigo los más significativos desde mi punto de vista y los englobo en dos grandes grupos:

Mayor longevidad:

1. Mejora la salud. En un estudio realizado en Harvard con universitarios, determinó que aquellos que eran optimistas con 25 años, gozaban de mejor salud cuando eran mayores (45 y 60 años).

Otros estudios han asociado al pesimismo con mayores tasas de enfermedades infecciosas, mortalidad más precoz y mala salud.

Muchos estudios realizados en los últimos 30-40 años ha terminado demostrado que nuestro estado de ánimo influye de forma considerable en nuestra salud. Debemos ir interiorizando que nuestros estados emocionales negativos nos causan mucho daños a nivel físico y que nos apartan del camino de la felicidad.

2. Mejora la salud emocional. Las emociones de la persona optimista incluye el coraje, el entusiasmo, la pasión, la confianza, la esperanza; ver los errores como oportunidades para aprender, pero las personas pesimistas tiene un mayor riesgo de sufrir problemas emocionales, ya que muy a menudo el miedo, los sentimientos de culpa e impotencia da lugar a sensación de fracaso y la percepción de es imposible el cambio o la mejora.

3. Ayuda a tener menos estrés. Los optimistas creen más en sí mismos (tienen más confianza), en sus capacidades, habilidades…, y eligen sus pensamientos siendo éstos más positivos. Ven los acontecimientos negativos como algo que pueden superar (ya les cueste más o menos). Al creer en sí mismos, son capaces de asumir más riesgos, atrayendo más sucesos positivos a sus vidas a causa de su actitud.

Mayores logros:

4. Aumenta la Persistencia. El doctor Mark Albion en su fantástico libro “Vivir y ganarse la vida” (el cual recomiendo) comenta que el optimismo favorece el pensamiento, el aprendizaje, la curiosidad y la flexibilidad mental. El optimismo alude a la capacidad de anticipar expectativas de futuro, animándonos a insistir y persistir en el esfuerzo, llevándonos a una actitud de reto, y motivación a hacer cosas en ausencia de resultados inmediatos, pudiendo tener más probabilidades de tener éxito.

Las personas pesimistas suelen esperar a que las circunstancias externas cambien por sí solas. En ciertos casos puede ser positivo, pero en otras situaciones, debemos iniciarnos a la acción. Cuanto más optimistas seamos, más capacidad para discernir cuando ser más persistentes o cuando no.

5. Mejora la calidad de nuestro trabajo. El optimismo ayuda a trabajar de manera más inteligente, (independientemente del área), ya que ver las situaciones de manera positiva hace que nos enfoquemos mejor en lo que debemos hacer, utilizando más activamente nuestras capacidades y aptitudes para lograr nuestro cometido.

6. Mejora los resultados académicos. En la Universidad de psicología de Kansas, el doctor Zinder, realizó un estudio donde quedó reflejado que el rendimiento académico de un alumno depende más de su actitud que de su cociente intelectual, obteniendo mejores resultados los alumnos que tenían una actitud optimista y positiva.

Por tanto el optimismo…

Se aprende (y se enseña)
Es una elección (también se puede optar por ser pesimista)
Es responsabilidad
Es “no resignación”
Es nuestra “segunda oportunidad”
Es aprender a “vivir con sentido” (tener un propósito, una razón…)
Es una medicina natural que nos permite vivir más y mejor
Es el mejor aderezo emocional
Tu eliges: Optimista o pesimista
Potenciemos nuestros pensamientos positivos. Pensar que todo irá bien y actuar con confianza cuando aparecen las dificultades no es una utopía, sino una opción que nos ayudará a sobrellevar las adversidades y resurgir más rápidamente (incluso saldremos más fortalecidos). Pero no nos debemos dejar embargar por el positivismo, que nos hace creer que las cosas van a ir bien porque sí, sin hacer nada para provocarlas.

Ser optimista implica una decisión sobre la manera de vernos a nosotros mismos y a nuestra vida, a los demás y al mundo. Es tomar una decisión sobre la realidad que queremos vivir, sobre la manera de aprender y afrontar los acontecimientos que nos pasaron, nos pasan y nos quedan por vivir.

“Las personas más felices no tienen todo lo mejor, sino que hacen lo mejor de todo”. Anónimo

“Conviértete en tu propia versión de un optimista. Si no puedes entrar por una puerta, ve hacia otra, o inventa una. Y piensa que algo magnífico vendrá, no importa cuán oscuro sea el presente” Anónimo

Recuerda que “En un entorno deprimido, las personas con ilusión marcan la diferencia” Luis Galindo

Os comparto estos fantásticos videos de Eduar Punset donde entrevista a Tali Sharot experta en Optimismo en la University College London, y donde Elsa Punset nos enseña a “cómo entrenar nuestro cerebro” para que sea más optimista.

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